En lugar de una reacción caótica, la fecundación activa una serie de ondas rítmicas de proteínas y calcio que recorren la membrana del óvulo. Estas ondas actúan como un «interruptor invisible» que inicia la división celular y la formación del embrión.
Investigaciones del MIT han observado que estas ondas forman espirales rotatorias que se asemejan a patrones encontrados en otras partes de la naturaleza, como corrientes oceánicas y huracanes. Diversos reportes científicos y divulgativos asocian estos patrones con la sucesión de Fibonacci y la proporción áurea.
Estas señales estructuradas son críticas para que el óvulo encuentre su centro, coordine las primeras etapas de organización y decida dónde comenzar a dividirse. Sin estos patrones de ondas, la vida multicelular no procedería correctamente.
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