El expresidente Álvaro Uribe Vélez despidió el año 2025 con un encuentro político en Montería, al que asistió junto a la senadora Paloma Valencia, una de las principales figuras de su sector. Durante la jornada, la congresista reiteró una agenda centrada en seguridad, reactivación económica y fortalecimiento del orden institucional.
Sin embargo, más allá de los planteamientos expuestos, el evento dejó en evidencia un hecho que no pasó desapercibido: la limitada concurrencia. La escasa asistencia en una ciudad que durante años fue considerada un bastión del uribismo encendió las alarmas dentro del movimiento y alimentó el debate sobre su capacidad actual de convocatoria.
Para diversos analistas políticos, el fenómeno refleja un desgaste progresivo del discurso que por décadas marcó la agenda nacional. Señalan que las narrativas tradicionales del uribismo han perdido eco entre los sectores más jóvenes del electorado, que hoy priorizan otras preocupaciones y demandan nuevos enfoques.
El panorama abre interrogantes sobre el futuro de una de las corrientes políticas más influyentes de las últimas décadas en Colombia y plantea la pregunta de fondo: ¿asiste el país al cierre de un ciclo que redefinió la política nacional o se trata de una transición hacia una nueva etapa del movimiento?
