Las restricciones para el ingreso de comida y bebidas a las playas de Barú, en Cartagena, vuelven a estar en el centro de la discusión pública. Comerciantes y operadores turísticos advierten una caída en sus ventas, situación que atribuyen a la llegada de visitantes que llevan desde fuera todo lo que consumen durante su estadía.
La controversia se reactivó tras la difusión en redes sociales de un video que muestra a una familia ingresando a Playa Blanca con una nevera de gran tamaño cargada de alimentos y bebidas. Las imágenes generaron molestia entre habitantes y trabajadores locales, quienes aseguran que dependen casi exclusivamente del turismo para su sustento diario.
Según los nativos, este tipo de prácticas reduce el consumo de productos locales y la contratación de servicios básicos como sillas, mesas o sombrillas, afectando directamente la economía de la comunidad.
En contraste, algunos turistas defienden llevar sus propios alimentos, argumentando que los precios en las playas de Barú son elevados en comparación con otros destinos del Caribe. Frente a esto, los comerciantes explican que los costos responden a las dificultades logísticas y de transporte que implica abastecer zonas de difícil acceso.
El debate sigue abierto y vuelve a poner sobre la mesa el reto de equilibrar el derecho de los visitantes a acceder a precios justos con la necesidad de proteger el ingreso de las comunidades que viven del turismo en la región.
