Lo que ocurrió en la ciudad de Ibagué es una realidad palpable en Colombia, la derecha se preocupa cada día más al quedarse sin argumentos que los aterricen a lo que pasa en todos los rincones del país.
El progresismo en Colombia sigue demostrando con hechos que mueve masas. No es una moda ni una consigna vacía: es un sentimiento popular que crece a medida que el pueblo despierta frente a las viejas maquinarias políticas que durante décadas han querido volver al poder para seguir usurpando los recursos públicos a través de contratos, burocracia y la ya conocida “mermelada”.

Esas élites han gobernado repartiendo puestos, imponiendo favores y arrodillando a las comunidades, haciéndoles creer que deben gratitud por aquello que, en realidad, es una obligación: servir. El servidor público se debe al pueblo que lo elige, no al revés. Sin embargo, muchos de ellos viven desconectados de la realidad, levitan en las nubes, se escudan en títulos y se jactan de que los llamen “doctores”, mientras manipulan al pueblo a su antojo.
Durante años se nos hizo creer que elegirlos era un favor que debíamos pagar. Hoy, cada vez más comunidades en todo el territorio colombiano están demostrando lo contrario: están despertando y exigiendo una opción real de cambio.

El progresismo avanza, aprende, corrige errores y se fortalece con el paso del tiempo, con el objetivo de construir un gobierno más equitativo y justo. La multitudinaria movilización en Ibagué, encabezada por Iván Cepeda, es una muestra clara de ello: una avalancha popular que confirma que el progresismo mueve masas y se consolida como un serio contendor frente a la extrema derecha que pretende regresar al poder para maquillar su corrupción y seguir manipulando al pueblo colombiano.
