El último abrazo en la Cansona: Los hermanos que el agua se llevó, pero la corriente no pudo separar

El cielo sobre el Caribe colombiano se rompió el pasado 1 de febrero de 2026. No fue una lluvia cualquiera; cada gota que golpeaba los techos de zinc en la vereda La Cansona, en Bongamella, sonaba como un presagio. Lo que empezó como un fuerte aguacero se transformó, con el paso de los días, en un monstruo de agua y olvido que comenzó a devorar sueños, muebles y cosechas.

Para las miles de familias damnificadas, ver el agua entrar en sus casas fue ver cómo el esfuerzo de toda una vida flotaba a la deriva. Pero entre la pérdida material, una tragedia humana ha dejado a la comunidad de San pelayo con el corazón suspendido en un nudo de dolor.

José Miguel y José Alfonso López Doria no solo compartían el apellido y la sangre; compartían el amor por el olor a tierra mojada, el respeto por el ganado y la pasión por los caballos. Eran hombres de campo, de esos que tienen la piel curtida por el sol y las manos callosas por el trabajo digno. En su finca, eran inseparables. Donde estaba uno, estaba el otro.

El pasado 9 de febrero, la furia del frente frío alcanzó su punto más crítico. El caudal, convertido en un torrente indomable, amenazaba con llevarse lo poco que les quedaba: su ganado. Sin dudarlo, los hermanos López Doria se lanzaron al agua. No por codicia, sino por el honor del campesino que cuida lo suyo hasta el final.

Quienes presenciaron los últimos minutos de los hermanos relatan una escena que desgarra el alma. En medio del rugido del agua, cuando la corriente se hizo invencible, la tragedia golpeó. Uno de ellos flaqueó ante la fuerza del río. En ese instante, no hubo instinto de supervivencia que valiera más que el amor fraternal: el otro hermano estiró su mano, arriesgando su vida para no dejarlo ir.

En ese último esfuerzo, en ese intento desesperado por salvarse el uno al otro, el agua decidió llevárselos juntos. Se fueron como vivieron: unidos, cuidándose, sin soltarse la mano.

Hoy, el silencio en La Cansona es más ensordecedor que el ruido del río. José Miguel deja atrás a una esposa y dos hijos pequeños que aún no comprenden por qué el campo que les daba el sustento decidió arrebatarle a su héroe.

La Policía Nacional en Montería, llora hoy no solo la pérdida de dos ciudadanos trabajadores, sino el recordatorio más doloroso de esta emergencia: las cosas materiales se recuperan, pero el vacío que dejan José Miguel y José Alfonso es una herida que la naturaleza no podrá sanar.

La corriente fue fuerte, pero el ejemplo de lealtad de los hermanos López Doria es, a partir de hoy, más eterno que el cauce de cualquier río. En Montería, su historia no será recordada como una cifra de la tragedia, sino como el más puro sacrificio de amor entre hermanos.

José Miguel López Doria y José Algonso López Doria, dos jóvenes campesinos de la vereda La Cansona, Bongamella, trabajadores, humildes y profundamente unidos. Dedicaron su vida a la ganadería, al amor por la tierra y a los caballos, y siempre permanecieron juntos en su finca, como hermanos inseparables.

José Miguel deja dos hijos y a su esposa, a quienes acompañamos con solidaridad y respeto en este momento de dolor. Quienes los vieron por última vez relatan que, incluso ante la fuerza de la corriente causada por las fuertes inundaciones del frente frío, uno de ellos intentó ayudar al otro para que no fuera arrastrado por el agua, demostrando el profundo amor y lealtad que los unía.

Hoy la naturaleza nos arrebata dos vidas valiosas, pero su ejemplo de unión, trabajo y solidaridad permanecerá vivo en el corazón de su familia y de toda la comunidad.

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